Desde que fuimos creados, Dios sembró la semilla del verbo; es por ello que debemos hacer un alto y conocer el verdadero sentido de nuestra vida y es allí donde la palabra de Dios juega un papel primordial en nuestra enseñanza.

Cuando queremos aprender algo leemos sobre ello, indagamos en libros de textos o páginas en Internet. ¿Qué de diferente hay sobre aprender de Dios? Nuestra vida se resume en alcanzar un ideal siendo este nuestra razón de vivir, la palanca que nos mueve, nuestro norte y ahí está presente la enseñanza bíblica, puesto que la palabra de Dios debe ser el sentir de su pueblo.

La importancia que tiene el estudio de la biblia es buscar el camino que Dios tiene para cada uno de sus hijos y hacer que estos tengo un proyecto personal de vida. Dios nos invita a conocer su historia y aprender de ella (Dt. 6, 1-12). Es imposible vivir una buena relación con Dios en el presente cuando se ignora la obra de Dios en el pasado; conocer la historia de la Iglesia corrige nuestra presunción sobre el presente. La Iglesia no es obra de los hombres, es obra de Dios; sin embargo, no se exime que haya quienes mantengan una postura errática, pues para muchos es una institución pasada de moda.

 

Cristo es el modelo de Dios y los hombres. La Iglesia es la comunidad convocada por Cristo que encarna y realiza en el mundo el plan Salvador de Dios. No hay Iglesia fuera de Cristo, Él es la roca que cayó para que el surco que se fuera formando fuese la Iglesia.

La biblia nos enseña que la Iglesia es una obra nacida del corazón del Padre, fundada por el Hijo y es el Espíritu Santo quien la verifica y la hace permanecer en el tiempo. La Iglesia es la comunidad de salvación y la Palabra de Dios es lo que nos da vida.

El empeño de Jesús era y es transmitir la Buena Nueva, esto se logra por medio de la evangelización. El papa Francisco, en su Exhortación Apostólica: Evangelii Gaudium, en el numeral 14, nos recuerda que «todos tienen el derecho de recibir el Evangelio. Los cristianos tienen el deber de anunciarlo sin excluir a nadie, no como quien impone una nueva obligación, sino como quien comparte una alegría».
Paz y Bien.

Autoría: Marycruz Sojo.
Programa Nacional Centinela 2.0