La razón por la que hoy por hoy, tú y yo creemos en Cristo, es porque conocimos su historia. Alguien nos habló de él, en algún momento, y podemos leer, en las escrituras, lo que hizo, lo que vivió, lo que sufrió, lo que amó.

Además de leerlo o escucharlo, si decidimos seguirlo es porque tuvimos una experiencia directa de encuentro con Jesús que transformó nuestras vidas por completo. “Es imposible conocerte y no amarte; es imposible amarte y no seguirte”, decía San Agustín al Señor. Así fue como nuestras historias; la de tu vida y la mía, se entrelazaron con la de Cristo en una misma fe: conociéndolo por sus obras, pero también desde la experiencia personal ante Dios.

Con el seguimiento, también descubrimos la necesidad de compartir esta Buena Noticia con los demás, y nos preguntamos constantemente ¿de qué manera podemos evangelizar a otros? ¿Cómo podemos comunicarles esta verdad que hemos conocido? ¿Cómo mostrarles este camino de vida, tan antiguo y tan nuevo a la vez, al que nos invita Jesús? Nos ponemos a pensar primero en todas las formas creativas que podríamos incorporar para llevar el mensaje evangélico; y claro que es importante y es necesario innovar; sin embargo, la primera pregunta que debemos hacernos es tan obvia, que la obviamos muchas veces, aunque se nos muestra muy clara en el Evangelio: ¿Cuál es la historia de mi prójimo?

Al conocer la historia del otro, sus realidades, sus necesidades, sus anhelos y sueños, sus tristezas y miedos, entenderemos también lo que hay en su corazón. Así lo hizo Jesús cada vez que realizaba un milagro o invitaba a alguien a seguirle: iba a su encuentro, comprendía su historia, y le mostraba un camino nuevo que respondía a las necesidades más profundas del alma. Es también lo que cada uno de nosotros vivimos para llamarnos hoy discípulos de Cristo.

Entonces, ¿de qué manera podemos ir al encuentro?

El Papa Francisco en su Mensaje para la 55° Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales(1) que se celebra el 16 de mayo de 2021, nos invita a Comunicar encontrando a las personas donde están y como son”. Es decir, “desgastar las suelas de los zapatos”, a ir y a ver a nuestro hermano y reconocer en su rostro el rostro de Jesús: entender sus miserias y sus riquezas, sus talentos y sus debilidades, y testimoniarles la fe hablándoles en su lenguaje, tal como nos lo indica San Pablo: «Si yo fuera a verlos y les hablara con un lenguaje incomprensible, ¿de qué les serviría si mi palabra no les aportara ni revelación, ni ciencia, ni profecía, ni enseñanza? (…) Así les pasa a ustedes: si no hablan de manera inteligible, ¿cómo se comprenderá lo que dicen? Estarían hablando en vano. Si ignoro el sentido de las palabras, seré como un extranjero para el que me habla y él lo será para mí» (1 Cor 14,6-11).

Y es que nada aleja más a las personas que la autorreferencialidad, porque es una actitud contraria a la escucha. Claro que sabemos que el mensaje de Dios, la Buena Noticia de la Salvación y lo que conlleva, se trata de una verdad absoluta, creemos y profesamos. Pero es en el ‘cómo’, es en las formas de llevar el mensaje en donde debemos detenernos y revisar si solo somos pregoneros, o si realmente nos comprometemos con lo que significa evangelizar: acercar el corazón de otro hacia a Dios. Y para ello, desarrollar la empatía y ser capaz de poner el propio corazón en el terreno, es necesario.

“El ‘ven y lo verás’ es el método más sencillo para conocer una realidad”, nos dice el Papa Francisco. “Es la verificación más honesta de todo anuncio, porque para conocer es necesario encontrar, permitir que aquel que tengo de frente me hable, dejar que su testimonio me alcance”.Al decir que cada uno de nosotros es cristiano porque hubo alguien que comunicó la fe, es necesario entonces que reconozcamos nuestra dimensión comunicadora.

La comunicación no es solamente una profesión, sino que es parte de nosotros mismos. Comunicamos lo que somos, como somos, con lo que tenemos. Y es por eso que la labor de todo aquél que comunica la fe es propiciar el encuentro del otro con Cristo, reconociendo al otro en su humanidad, hallando en el prójimo el rostro de Jesús. De esta manera, comunicar la esperanza a otros, es, para el comunicador, su propia experiencia de fe.

Comunicar la esperanza ¿en lo virtual?

En esta época de la revolución digital y más aún, del distanciamiento social de manera presencial, las relaciones humanas se ven sostenidas en gran medida por los avances tecnológicos. Pero la tecnología por sí sola no conecta corazones si, en principio, los corazones no desean contactarse, si no hay un valiente que decida “descalzarse de sus sandalias” para entrar en la “tierra sagrada” que es el corazón del otro. Por eso, el testimonio es la clave de la comunicación en el entorno digital.

«Trata de ser un modelo para que los creen, en la conversación, en la conducta, en el amor, en la fe, en la pureza de vida. No malogres el don espiritual que hay en ti. Vigila tu conducta y tu doctrina. Si obras así, te salvarás a ti mismo y salvarás a los que te escuchen» (cfr. 1 Tim 4,12-16). Hoy en día vemos como en las redes sociales las personas “se siguen” unas a otras, se imitan, se comparan y sueñan con tener lo que el otro tiene, nos corresponde preguntarnos ¿Qué mensaje doy yo al otro? ¿Qué testimonio comparto? ¿Qué propuesta doy para quienes me siguen? Como cristianos, el seguimiento tiene un sentido más profundo, porque para el que aspira a la eternidad sabe que, si otro le sigue, es para que siga a Cristo. ¿Estoy propiciando esto con mi comportamiento digital?

“La red no es un nuevo medio de evangelización, sino un contexto en el que la fe está llamada a ser expresada (…) Cada instrumento es útil y valioso sólo si nos empuja a ir y a ver la realidad que de otra manera no sabríamos, si pone en red conocimientos que de otro modo no circularían, si permite encuentros que de otra forma no se producirían” (2).En el mundo que nos corresponde vivir ahora, tenemos a la disposición infinitas posibilidades para comunicar la fe, con grandes ventajas y también con sus desventajas. Pero estos instrumentos solo serán útiles si al usarlos, imitamos a Jesús,comunicándonos de corazón a corazón.

Referencias:
(1) Mensaje del Papa Francisco para la 55 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales
http://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20210123_messaggio-comunicazioni-sociali.html

(2) Comunicadores según San Pablo
http://periodicoelmensajero.blogspot.com/2011/10/comunicadores-segun-san-pablo.html

 

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