Cuando celebramos el  “Día internacional de la juventud” enseguida solemos asociarlo con las luchas sociales, la esperanza, la energía, el cambio, los retos,  entre otros. Podemos preguntarnos hoy ¿realmente qué celebramos?

Para ello, remontémonos al contexto donde se origina, es en el año 1999, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas escoge el 12 de agosto como el Día Internacional de la Juventud, a partir de las recomendaciones de la Conferencia Mundial de Ministros de la Juventud, celebrada en Lisboa, 1998.  Se trata de una celebración anual que pretende  promover el papel de la juventud como aliada esencial en los procesos de cambio y generar un espacio para crear conciencia sobre los desafíos y problemas a los que la juventud se enfrenta.

Cabe destacar que, Los Objetivos de Desarrollo Sostenible están destinados a todas las naciones, todos los pueblos de todas las edades y todas las sociedades. La naturaleza universal de la Agenda 2030 implica que los jóvenes deben ser considerados en todos los Objetivos y metas. Los jóvenes se mencionan específicamente en cuatro áreas: empleo juvenil, adolescentes, educación y deportes por la paz. Además, los jóvenes son reconocidos como agentes de cambio, encargados de explotar su propio potencial y asegurar un mundo apropiado para las generaciones futuras.

Tal como se menciono en el título: “Seamos embajadores de esperanza”  desde la Pastoral Juvenil de Venezuela, asumimos este Día Internacional de la Juventud como un motivo de alegría y celebración desde la perspectiva humano-cristiana, es un reto en el mundo de hoy;  un mundo cambiante, diverso, desafiante que ofrece la oportunidad de ejercer  desde la perspectiva joven, circunstancias inéditas que requieren una formación más allá de los saberes propios del conocimiento humano, implica la búsqueda constante de la fuente de la sabiduría y el discernimiento, convirtiéndose así el joven, en un embajador de la esperanza.

Ser embajadores de esperanza, significa que en nosotros debe existir la plena certeza y alegría en Jesús Resucitado, la confianza en que Dios, por los méritos de Cristo, nos dará las gracias que necesitamos aquí en la Tierra para alcanzar el Cielo y conservar el anhelo de felicidad que Dios ha puesto en el corazón del hombre, la esperanza es un riesgo, es una virtud arriesgada, es una virtud como dice San Pablo.

Hoy día, hemos observado el aporte de millones de jóvenes, como han adoptado medidas favorables y se han movilizado a través de las redes sociales con mucho más auge, se expresan en defensa de sus derechos, destacando las situaciones que los afectan, como el desempleo juvenil, alzando su voz contra la injusticia y promoviendo la adopción de medidas a nivel mundial en favor de las personas y el planeta. Reclaman acciones concretas que garanticen los derechos humanos, la preservación del medio ambiente, el avance económico, la inclusión social, el replanteamiento de las políticas vinculadas con la migración, con el propósito de ofrecer mayores garantías a los jóvenes que deciden trasladarse desde sus países de origen a otros, en búsqueda de nuevas y mejores oportunidades académicas y laborales.

Ahora bien, ante la situación de Pandemia por el COVID-19 una juventud innovadora estamos dando respuesta al virus. Se están desarrollando innumerables  iniciativas para ofrecer herramientas de crecimiento personal y espiritual, ayudar a las poblaciones en situación de riesgo o afectadas, promovidas desde el voluntariado hasta organizaciones e instituciones. Muchos centros de innovación tecnológica impulsados por jóvenes ofrecen apoyo a empresas emergentes para desarrollar soluciones efectivas para abordar el COVID-19, entre otros.

Cabe destacar que, el tema del Día Internacional de La Juventud de este 2020,  bajo el lema «El compromiso de la juventud para una  acción mundial», tiene por objeto: destacar las maneras en las que el compromiso de los jóvenes a nivel local, nacional y mundial puede enriquecer los procesos y las instituciones nacionales y multilaterales, así como identificar cómo mejorar significativamente su representación y participación en las instituciones políticas oficiales. En Venezuela, los jóvenes siempre han tenido un papel trascendental en la historia, se han caracterizado por su ímpetu y convicción al momento de defender las causas justas y luchar por su nación.

En este sentido, la iglesia siempre ha apostado a la juventud, creyendo en ella y presentándole el ejemplo a seguir en Jesús, donde podemos mirar un joven, En la plenitud de su juventud, comenzó su misión pública y así «brilló una gran luz» (Mt 4,16), sobre todo cuando dio su vida hasta el fin. Este final no era improvisado, sino que toda su juventud fue una preciosa preparación, en cada uno de sus momentos. (CV, 23)

Podemos decir que  Jesús no los ilumina a ustedes, jóvenes, desde lejos o desde afuera, sino desde su propia juventud, que comparte con ustedes. Es muy importante contemplar al Jesús joven que nos muestran los evangelios, porque Él fue verdaderamente uno de ustedes, y en Él se pueden reconocer muchas notas de los corazones jóvenes. Manifestó una profunda compasión por los más débiles, especialmente los pobres, los enfermos, los pecadores y los excluidos. Tuvo la valentía de enfrentarse a las autoridades religiosas y políticas de su tiempo; vivió la experiencia de sentirse incomprendido y descartado; sintió miedo del sufrimiento y conoció la fragilidad de la pasión; dirigió su mirada al futuro abandonándose en las manos seguras del Padre y a la fuerza del Espíritu. En Jesús todos los jóvenes pueden reconocerse» (CV, 31)

Nuestra iglesia también nos presenta el modelo de María, ella era la chica de alma grande que se estremecía de alegría (cf. Lc 1,47), era la jovencita con los ojos iluminados por el Espíritu Santo que contemplaba la vida con fe y guardaba todo en su corazón de muchacha (cf. Lc 2,19.51). Era la inquieta, la que se pone continuamente en camino, que cuando supo que su prima la necesitaba no pensó en sus propios proyectos, sino que salió hacia la montaña «sin demora» (Lc 1,39). (CV,46)

En Jesús y María podemos ver la santidad en la juventud. Los invito a seguir siendo los embajadores de la esperanza, en todas las comunidades, empezando por  ti, por  tu ser, por tu familia, en tu sector, barrio, comunidad, a donde quiera que vayas. Siendo fiel al Señor. Sin esperanza, el hombre se encierra en su propio mundo y se pierde de alternativas, soluciones, experiencias y sobre todo pierde el propósito, el sentido de su existencia, la visión de la vida eterna. No estamos luchando solos contra las dificultades, contamos siempre con  la ayuda de Dios, pero no perdamos de vista que todo hombre y  mujer  está destinado a la vida eterna y debe vivir con conciencia de ella.

Finalmente, afiancemos la esperanza, confiando en Dios no hay futuro incierto. La esperanza cristiana se funda en la fe, porque nace de creer en las promesas que Dios nos ha hecho a ti y a mí. El corazón de cada joven debe por tanto ser considerado “tierra sagrada”, portador de semillas de vida divina, ante quien debemos “descalzarnos” para poder acercarnos y profundizar en el Misterio. (CV, 67) Si Jesús ha vencido al mundo, es capaz de vencer en nosotros todo lo que se opone al bien, no hay porqué temer, pues recuerda: Dios habita en nosotros, habita en Venezuela, habita en el mundo entero y nadie nos podrá robar la esperanza.

“Seamos embajadores de esperanza”
Elaborado por: Maryan Trujillo