Hemos llegado a la celebración de los días Santos, y nos encontramos nuevamente ante un histórico momento. Me atrevo a afirmar que en cada uno de nosotros están los recuerdos de las Semanas Santas anteriores, ¿Se acuerdan? Compartir en las misiones, pascuas, encuentros. Tantas experiencias en esa Semana que todos esperábamos vivir.

Este año, la pandemia del COVID-19 nos ha obligado nuevamente a resguardarnos en nuestros hogares, y vivir una Semana Santa «a distancia». Pero cambiemos la óptica, ¿No es acaso un gesto de amor cuidarnos unos a otros? Y es lo que en este día especial los cristianos estamos invitados a celebrar: El amor entregado.

Los evangelistas nos relatan los acontecimientos de «esta misma noche santa» (Plegaria Eucarística II), en la que Jesús a mitad de la cena se paró, tomó el manto y ceñido a la cintura le lavó los pies a sus discípulos. Llegado el momento de lavarle los pies a Pedro, este rechazó el acto de servicio que su Maestro tenía para con ellos. ¿También hemos sido necios como Pedro? En el momento que por cuidarnos nuestros padres nos han recomendado no salir de casa.

En esa entrega de servicio y cuidado, «El Maestro» se ha puesto a los pies de sus amigos para entregarse por ellos. Es el preámbulo de la Pasión, que esa noche iniciaría en el Huerto de los Olivos.

Convertir el pan en Carne y el vino en Sangre, un acto maravilloso que la mente humana aún no comprende en su totalidad. Es el acto de entrega total que solo el amor de Dios vivo puede hacer: Hacerse sacramento, perfecto alimento para la humanidad.

“Si Jesús hubiese elegido, para la Eucaristía, pan y agua, habría santificado el sufrimiento pero al elegir el vino quiso indicar también la santificación de la alegría. El vino recuerda la misteriosa relación que existe, en la experiencia humana, entre amor y sacrificio” Fr. Raniero Cantalamessa, OFM

Hoy la liturgia nos invita al canto del «Gloria», y puedo darle dos significados a la entonación de este himno: primero, como muestra de que gracias al amor infinito, Dios se ha quedado con nosotros; y segundo, como el inicio de la «Batalla Pascual», pues hoy no es el culmen, sino el inicio de la gesta por la libertad del hombre.

“Nos mueve la Esperanza” es el Aguinaldo que Don Ángel Fernández, Rector Mayor de la familia Salesiana ha propuesto para vivir este 2021. Nos hace falta afianzar la Esperanza en un mundo sumido en medio de una crisis social-política-económica. Se nos hace urgente el clamor de los más necesitados, sedientos de una voz que motive y recuerde el sentido de la vida que merece ser vivida con dignidad.

Ante la necesidad de mover la esperanza en los corazones, San Pablo nos da la receta perfecta para esta misión: ‘Tener los mismos sentimientos de Cristo’ (cfr. Filipenses 2, 5).

Seamos valientes, asumamos con amor, perdonemos desde el corazón, entreguemos la vida en la misericordia del Padre. Esos son los pasos de Jesús que nos permiten mover la Esperanza desde el Amor.

Quien ama no se va, no muere. El amor no se acaba, el amor es infinito. El Maestro ama a cada uno de sus hijos, con un amor tan profundo que la muerte no puede separarlos. Hoy el amor, se hace en la entrega generosa.

“Quien posee el amor de Dios, encuentra en ello tanta alegría, que cualquier amargura se transforma en dulzura y todo gran peso se vuelve ligero” Santa Catalina de Siena.

El Señor no se cansa de amarnos, no nos cansemos nosotros nunca de amarlo a Él en nuestros hermanos.

 

César Javier Utrera
Equipo Nacional de Centinela, Área de Redacción