Capítulo I
Lunes Santo
La fragancia que anuncia la partida de Jesús

“No siempre me tendrán”.

Esas palabras había dicho Jesús a sus discípulos, anunciando que pronto, ya no estaría entre ellos como hasta entonces lo hacía. Pero ellos no le entendieron.

Antes de la Pascua, Jesús fue a Betania, donde se encontraba su amigo Lázaro, Marta y María, y comió con ellos. María, la de Betania, quiso tener un gesto hacia su Maestro, enjugando sus pies con perfume de nardo, de gran valor.

La casa se llenó con el exquisito olor de la fragancia, pero Judas Iscariote se irritó, pues el perfume era costoso, y él, avaricioso. Habría preferido venderlo.  “Déjala”, dijo Jesús. “Lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tendrán siempre con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán”.

¡A este que se proclama Rey de los judíos! ¡A este que se hace llamar hijo de Dios! ¿Cómo no hemos de juzgarlo?

Se reúne con los pobres, los desfavorecidos, los enfermos, los pecadores. ¿¡Cómo puede amarles!? ¿Cómo puede querer a todos sin distinción? ¿Cómo habla de perdón y de justicia? ¿Cómo enseña con tal autoridad? ¿Cómo conoce tanto la Palabra de Dios y la predica con esa sencillez, a todo el que lo escucha? ¿Cómo es que tantos le oyen?

Predica sobre amor y otras doctrinas ¡Nos humilla con sus prácticas de bondad y misericordia!

-Sumos Sacerdotes