«Hay que apartar todo lo que nos separa de Dios.Que nuestro corazón sea de Él, solo y solo de Él.»

Hace casi 3 décadas, San Juan Pablo II otrogaba, en nombre de la Iglesia, el título de beata a María de San José,en la Plaza de San Pedro de la ciudad del Vaticano, hecho que colocaba por primera vez una venezolana en la lista de los beatos del mundo.

Su don profético es la causa de tal hecho: quince años después de su fallecimiento, se cumplió lo que le indicaría a la hermana Teresa Silva, que después de haber padecido 26 años de osteoartrosis, se despertó el 17 de septiembre de 1982 sana y pudo levantarse de su silla de ruedas, recordando que tal gracia le había sido anunciada por María de San José y que se efectuaría luego de que ella cumpliera 50 años de edad.

Solo de un ser con profundo sentir cristiano ha de surgir tal intercesión, pues, Laura Evangelista Alvarado, se consagró al Señor desde los 13 años en su primera comunión, el 8 de diciembre de 1988, día de la Inmaculada Concepción de María Santísima, en donde hace su voto de virginidad y elige como fecha para también formar parte de la Sociedad de las Hijas de María.

Quien le concede este nombramiento es el padre López Acevedo, quien fundó el Hospital San José de la ciudad de Maracay, el cual dirigiría María de San José a los 24 años y también se uniría a la congregación religiosa de las Agustinas Recoletas en Venezuela, fundada por López, en donde fue escogida en 1903 como superiora de dicha comunidad.

Luego de una vida de sacrificio, caridad y ferviente amor por los demás en orfelinatos, asilos de mendigos, casas maternas, hospitales, escuelas, albergues,entre otros, muere en Maracay el 2 de Abril de 1967, a los 91 años de edad.

El proceso de su Beatificación comenzó en 1978 y el 9 de octubre de 1983 en celebración Eucarística, presidida en la Catedral de Maracay, Monseñor Feliciano Gonzalez la declara Sierva de Dios. Años más tarde, el 7 de mayo del 1992 el Santo Padre promulga el decreto sobre la Heroicidad de las virtudes, por el cual recibe el título de Venerable.

Posteriormente, el milagro fue aprobado por decreto papal de San Juan Pablo II en 1993. En 1994 es trasladado su cuerpo incorrupto al sarcófago de cristal para la veneración de sus hijas espirituales y fieles.

Con orgullo, la juventud católica de nuestro país la celebra y rinde homenaje tomando su ejemplo como modelo de santidad.

Pastoral Juvenil de Venezuela
07 de mayo de 2020