Nuestra Señora del Carmen, María del Carmelo, la Virgen del Carmen, es una advocación mariana cuyos orígenes se reflejan en el primer libro de los Reyes, donde se habla de los sacrificios ofrecidos en el monte Carmelo por la gran sequía que sufría el país. Se narra que Elías prometió que el rey y todo el pueblo abandonarían al dios Baal, para que Él terminara con la sequía que les asolaba.

Luego de siete veces que Elías subió al monte, apareció en el cielo una gran señal:»Cuando volvió por séptima vez, subía desde el mar una nubecita no más grande que la palma de la mano» (Reyes 18,44).A partir de entonces, el Monte Carmelo, cuyo nombre significa jardín, se convirtió en un lugar sagrado, donde llegaron a vivir ermitaños que se dedicaban a rezar y con el paso del tiempo empezaron a ser llamados Carmelitas.Estas personas que se dedicaron a la oración y a la penitencia en el desierto comenzaron a invocar a María con el nombre de «Santísima Virgen del Monte Carmelo».

El 16 de julio de 1251 a San Simón Stock, quien fuera Superior General de los Padres Carmelitas del convento de Cambridge, mientras rezaba por el destino de su orden, se le apareció la Virgen María. Ella llevaba el hábito carmelita, al Niño Jesús en brazos y el escapulario en manos, el cual le entregó diciendo: «Recibe hijo mío este Escapulario de tu orden, que será de hoy en adelante señal de mi confraternidad, privilegio para ti y para todos los que lo vistan. Quien muriese con él, no padecerá el fuego eterno. Es una señal de salvación, amparo en los peligros del cuerpo y del alma, alianza de paz y pacto sempiterno».

Posteriormente, en el siglo XVI Santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia, fue la reformadora del Carmelo descalzo, reimpulsando la fuerza de su regla original, de oración y clausura y fue así como se difundió a América.Actualmente, varias ramas componen la vida carmelita; aunque la mayoría de los frailes no viven como ermitaños, muchos han decidido hacerlo. En la rama femenina carmelita, existen varios grupos de monjas que viven en clausura y su trabajo se limita a todo aquello que pueden realizar dentro del claustro, sin embargo, también hay hermanas ‘de vida activa’ y se dedican a trabajar en hospitales, guarderías y escuelas, por ejemplo.

Los Carmelitas se caracterizan por su intensa búsqueda de Dios y su adhesión a las enseñanzas de Cristo, viviendo un proceso continuo de conversión, cooperando con el plan de Dios, y al utilizar cada uno de sus dones, encuentran su expresión en la vida fraterna y el celo apostólico.

Su vida se ve enmarcada por profundos ideales cristianos como la fraternidad, la oración, el servicio, y la contemplación, con ellos pueden descubrir a Dios no sólo en lo ordinario de la vida sino también en los hermanos; presentar a Dios todas sus angustias y esperanzas; mostrarse solidarios con los que sufren, con los que esperan; y tener actitud de apertura hacia Dios cuya presencia aprecian en todo momento.

 

Pastoral Juvenil de Venezuela
Autora: Andrea Gabriela Silva
Diócesis de San Fernando de Apure