La paternidad es, quizás, el mayor desprecio de esta sociedad. Si bien el modelo de familia es atacado por todos los flancos, en la mira principal se encuentra la paternidad. De hecho, los padres se han convertido en los malqueridos de la historia. En los excluidos e innecesarios. Difícilmente alguien niega la necesidad de una mamá, ahora, ¿de un papá? Parece que nada pasa si falta, como si cualquier otra figura puede reemplazarle. Y esta situación, además de triste y preocupante, es en general, injustificada.

Un Dios que es Padre

Inclusive es incomprensible, considerando que Dios mismo decidió tomar la paternidad para proyectar la manifestación infinita de su amor. Sí, Dios es padre, aun pudiendo ser madre. ¿Alguna vez nos detenemos a pensar en esto? Y no, no es una cuestión de pelea de roles. Simplemente es la Voluntad Divina, y en ella, en este detalle inmenso, hay un reflejo de belleza cargado de significado, como todo en el Plan de Dios.

Y ¿Cómo es Dios Padre? Pensemos ¿Cuáles de sus características destacan en el Antiguo Testamento? A pesar de las figuras literarias, culturales e históricas que impregnan los libros veterotestamentarios, esencialmente Dios Padre se comporta y se revela en la ley y en los profetas como un papá: celoso vigilante de sus hijos, autoridad que dirige y conduce su casa, seguro y certeza en las dificultades, reposo y consuelo en las tribulaciones, misericordioso y paciente con las fallas, organizador y gerente del pasado, presente y futuro de su familia, cercano y constante para escuchar y atender cuando le buscan, decidido e incansable para esperar a los que ama. En fin, un padre.

San José: un padre extraordinario

Otra figura icónica en la fe, que nos habla de la trascendencia de la paternidad, es precisamente el santo celebrado este año: San José. En la Sagrada Familia de Nazareth, San José es, sin duda, el más increíble participante. Sin restarmérito, en lo absoluto, a su esposa y Dios-Hijo.¿O no es mérito de Dios Trino, principalmente, haberle llamado? ¿No es también mérito de María haberle escogido como esposo? Ciertamente lo es, no hay dudas.

Pero es en Él, en San José, en su voluntad unida a la de Dios desde siempre, en su deseo de servirle y cumplirle en todo, en su amor infinito a María,en su entrega, compromiso, amor y adoración a Jesús, su Hijo y Señor, donde se manifiesta la mayor de las grandezas humanas. Es que no se conoce hombre como José. Mirando en perspectiva,a diferencia de María, José no es preservado, y sin embargo, es a través de él, descendiente de David, que llega la promesa del Hijo de Dios. Y es José, un hombre tan hombre como los demás, justo como justos habían, quien decidió aceptar sin cuestionar la misión encomendada a él y a su Santa Familia, tomando la batuta, asumiendo la responsabilidad, con un “sí” unido al de su mujer, con una confianza ciega en El que lo había escogido.

¿No son todo esto los padres? Ciertamente, la visión de paternidad en Dios y en San José, podría parecer una vara muy alta, más bien inalcanzable, para los padres que nos circundan, para la visión de paternidad planteada por la sociedad y muchas veces asumida por nosotros. Pero no es así. La verdad es que el hecho invariable de que Dios sea Padre y de que San José sea padre de Jesús, es la muestra inequívoca del propósito inefable e ineludible de la paternidad.

Ellos mismos son modelos supremos de padres. Para los padres de carne y hueso que fueron escogidos para dar vida, que asumieron con valentía cuidar esa vida y que apuestan por acompañarla. Sí, no siempre los papás son como deben ser. Pero es que por ser papás no dejan de ser humanos. Hoy, en el día del padre, cambiemos el CD y reproduzcamos la melodía del agradecimiento y de la oración por ellos. Por ellos que se esfuerzan por ser lo que deben ser a pesar de sus debilidades, por ellos que desean dar todo por sus hijos,aun sin contar con las herramientas para hacerlo. Por ellos que no tuvieron ni tendrán otra escuela para padres que la vida misma, con la metodología del ensayo y error.

 Y sí, pidamos todavía más por aquellos que han rechazado con posiciones y actitudes el regalo de ser papás, que se han mantenido lejos causando heridas y sufrimiento. Por ellos también agradezcamos, porque aún allí cabe el agradecimiento por la vida que dieron, y cabe también la esperanza de la rectificación, de la reivindicación.

Por los padres humanos y maravillosos (como el mío), gracias, Señor, gracias.

María Inés Polanco – Delegada de la Provincia Eclesiástica de Calabozo
Pastoral Juvenil de Venezuela
20 de Junio