En ocasión a la Beatificación de Carlo Acutis

Saberse hijo de Dios es comprender que todos hemos sido llamados a una misión, a una tarea que, aunque no sea tan evidente, cada acción va alimentando y fortaleciendo esa misión. Parece increíble, pero cada uno de los llamados tiene una misión distinta y unificados hacen que la obra de Dios sea perfecta, aunque ni lleguen a conocerse.

Carlo Acutis supo, desde niño, reconocerse hijo de Dios y de esa manera se tomó bien en serio el papel de ser un buen cristiano en el mundo actual. Supo aprovechar su talento para la informática y comenzó a evangelizar en la web, utilizando esta herramienta para mostrarle a la gente su pasión por el servicio a los pobres y su amor eucarístico. Esto solo lo hace quien tiene como centro a Jesucristo y convierte el proyecto de salvación en su proyecto de vida.

Lo interesante es que a su corta supo comprender el valor del sacrificio que hijo Jesús por nosotros y supo valorarlo hasta la muerte. Carlo consideraba la eucaristía como la autopista al cielo, de hecho, mencionaba que no quería pasar por el purgatorio. Y a pesar de que sea raro ver esto en un joven de su época,  Acutis fue un chamo tan común como tú y como yo, y creo que ahí está el secreto de la santidad, en ser nosotros mismos, gente común, haciendo cosas ordinarias que luego serán valoradas como  extraordinarias.

Muchos no conocimos en persona a Carlo, pero lo sentimos tan nuestro, nos sentimos identificados, y nos llenamos de gozo porque reafirmamos que es posible ser santos en nuestra juventud, ser perfectos en medio de las limitaciones humanas. Comprendemos ahora que otros jóvenes también trabajan por el Reino de Dios y eso nos hace sentir acompañados y amados por  ellos, aunque no los conozcamos.

Así que la Beatificación de Carlo debe representar para la juventud un motivo más para creer en una oportunidad de vida más allá de la muerte y anhelar profundamente el cielo, pues que este acontecimiento se haya dado en pleno siglo XXI y en medio de una Pandemia es un signo claro para nosotros sobre cómo debemos actuar de ahora en adelante.

Finalmente, quisiera culminar con una frase de este joven que encierra el motivo de su beatificación: » La tristeza es la mirada dirigida hacia uno mismo, la felicidad es la mirada dirigida hacia a Dios»

Autoría: José Alberto Morillo.
Arquidiócesis de Coro.
Coordinador del Programa Nacional Jóvenes Discípulos