Hacer lo que el Ángel del Señor le había mandado, el mismo que había anunciado a María la Buena Noticia, es lo que dio a José el mérito merecido dentro del plan de salvación que Dios tenía para su pueblo en la persona de Jesús. Dios llama, José escucha y responde.

En el tiempo de cuaresma se nos invita a escuchar, desde el corazón, la Palabra, y en el corazón abrir espacios de escucha y de verdad, para descubrir cuál es el plan de Dios en nuestra vida. Es también escuchar la vida, sentir que brota allí donde somos capaces de apostar por el Otro, por los otros, por nuestros hermanos y hermanas, por la humanidad, donde podemos percibir que entrelazamos historias rotas, cansancios, miedos, criterios diferentes de lenguajes paralelos. Y en la entraña misma, pero en el corazón fraterno, la Palabra que convoca y trasforma, que con ilusión o sin ella, con rutina o sin rutina sigue siendo Palabra viva, Palabra de Jesús. ¡Cuántos momentos oscuros nos ahorraríamos si de verdad creyéramos que la Palabra de Dios pronunciada sobre nuestro ser, sobre nuestra historia, es Palabra viva!

Escuchar el paso de Dios por la vida personal, fraterna, por la vida de nuestros y hermanas, es también un paso hacia la Pascua “porque cada vez que nos encontramos con un ser humano en el amor, quedamos capacitados para descubrir algo nuevo de Dios” (Evangelii Gaudium nº 272) por lo tanto para descubrir y devolver belleza.Tendríamos escalada una primera vereda en este proyecto de comunidad cristiana embellecida en su camino hacia la Pascua, la vereda de la escucha, la escucha de la vida a la luz de la Palabra Encarnada.

La escucha, sugiere una respuesta y que esta no sea vista como una obligación, sino como una donación y servicio, a ejemplo de José; como bien lo dice el papa Francisco en su carta

“La felicidad de José no está en la lógica del auto-sacrificio, sino en el don de sí mismo. Nunca se percibe en este hombre la frustración, sino sólo la confianza”.

Es la invitación que se nos hace como jóvenes, a donar nuestra vida, a ser el “Ahora de Dios” para los pobres y marginados, de los apartados de nuestra sociedad, de los no amados, escuchemos en ellos la voz del Ángel y respondamos con alegría la invitación que Dios nos hace.