Queridos hermanos, siempre en nuestra vida debemos tener en cuenta que la base de nuestra vocación como cristianos siempre será el servicio. Muchas veces en nuestras vidas andamos perdidos, sin horizonte y sin tener claro el motivo por el cual estamos en este mundo, olvidando que en la simplicidad de amar y servir siempre estará la felicidad que anhela nuestro corazón.

Hemos podido constatar que en medio de la tempestad que estamos viviendo, se nos ha brindado la oportunidad reconocer que cada uno de nosotros desde la vocación a la cual el Señor nos llamó, podemos hacer grandes cosas para el bien de los demás, y es que a través de lo que somos y tenemos podemos realizar grandes y pequeños actos de servicio. Nunca debemos dejar de prestar ayuda a alguien por considerar que es muy poco lo que podemos hacer.

“Muchas de esas personas son las que hoy están escribiendo los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos, pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo.” Papa Francisco.

El Papa Francisco en medio de la Bendición “Urbi et Orbi”, nos hacía recordar que a lo largo de la vida, todos dependemos de la ayuda de otras personas. Siempre vamos a necesitar ese Cirineo que nos ayude a cargar nuestra cruz, como en muchas ocasiones será necesario tomar el puesto del Buen Samaritano y servir al otro que necesita de nuestra ayuda.

El servicio del Buen Samaritano, es un pasaje que nos invita a que resurja nuestra vocación de constructores de un nuevo vínculo social. Con sus gestos, el Buen Samaritano reflejó que la que “La existencia de cada uno de nosotros está ligada a la de los demás: la vida no es tiempo que pasa, sino tiempo de encuentro”.

Si tenemos talentos especiales, debemos utilizarlos para prestar servicio a los demás. Dios nos bendice con talentos y habilidades para que ayudemos a mejorar la vida de otras personas. Jesús vivió su vida como ejemplo de amor y servicio. Cuando estamos dispuestos a servir a los demás con espíritu de amor, nos volvemos más semejantes a Cristo.

Reflexionemos con las siguientes interrogantes: ¿Qué me impide servir a los demás con profundo amor? ¿A través de que medio puedo servir a otros? ¿Mi vida está siendo una constante entrega generosa para los demás que me necesitan?

Es momento de reconocer lo grande que puede ser nuestra vida si la desgatamos en servicio a los demás. Es muy importante tener una actitud de búsqueda constante para encontrarnos Jesús y experimentar la fuerza que Él tiene de resucitar aquello que está muerto en nosotros mismos. Debemos aprender a vivir la dinámica de la resurrección, vivir creciendo, intensificando nuestro amor y servicio, orientando nuestra existencia por el camino de la entrega generosa, del amor fecundo.

Que, como María Magdalena, seamos testigos y mensajeros de la Resurrección de Jesucristo, viviendo con Jesús la alegría de servirle y amarle a Él y a todos nuestros hermanos.

Camino Pascual 2021

De Discípulos a Apóstoles

Semana 1: El ser para otros desde la vocación del servicio
Programa Nacional Jóvenes Discípulos – Pastoral Juvenil de Venezuela