¡Oh, María Inmaculada, Estrella de la mañana que disipas las tinieblas de la noche oscura, a Ti acudimos con gran confianza! San Juan XXIII

El 8 de diciembre la Iglesia Católica celebra con filial afecto, la Inmaculada Concepción de la siempre gloriosa Virgen María, una antiquísima verdad de la fe antiquísima, que no fue sino hasta 1854 que el Papa Pío IX lo declarara como dogma de fe, a través de la bula Ineffabilis Deus, luego de años de Tradición por parte de la Iglesia a través de su Magisterio y el Pueblo Santo de Dios.

Pero, ¿a qué se debe esta celebración? Es común conseguir a quienes piensan que esta celebración hace referencia a María Inmaculada desde el nacimiento de Jesús, y no es precisamente lo que establece el dogma. La Inmaculada Concepción nos habla del momento en el que María fue concebida por sus padres, Joaquín y Ana, y que no fue de forma virginal, pero que sin duda fue un acontecimiento especial, pues desde antes de su concepción en el seno materno, Dios preservó a María del pecado original.

Según el documento donde se declara dogma de fe, el Papa Pío IX afirma que: “la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda la mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano”.

Esta afirmación nos abre una nueva pregunta que nos amplia el significado de la celebración: ¿entonces María nunca cometió pecado? No, no lo cometió. La forma de redención que Dios escogió para la Madre del Mesías, la salvó de la mancha del pecado original, y también del pecado personal.

María fue parte del plan salvífico de Dios desde el primer momento de la creación. Desde el instante en el que Eva es tentada por Satanás en la figura de la serpiente, Dios lo condena diciéndole: Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo (Gn. 3, 15). Aquí se evidencia que en la historia de la salvación el Padre, no deja permanecer a sus hijos en las tinieblas del pecado.

Si por Eva entró el pecado en el mundo, por la Virgen María entró la Salvación.

El Espíritu Santo inspiraba en los autores sagrados, diálogos atribuidos a la mujer por la que el Hijo de Dios vendría. Así como en el libro de Proverbios Desde la eternidad fui formada, desde el comienzo, antes que la tierra (Prov. 8, 22). Los profetas antiguos vaticinaban el nacimiento de una descendiente de Eva, la cual sería resguardada de toda mancha para ser Madre del Verbo.

Recordamos especialmente en este tiempo de Adviento, lo escrito en el libro del profeta Isaías, hombre inspirado por Dios para preparar el camino del nacimiento del Mesías, quien en el capítulo 7 versículo 14 narraba Ella es la virgen que concebirá y dará a luz un Hijo, que se llamará Enmanuel.

María es pura desde su creación, para que fuera la morada digna del Verbo, que por obra y gracia del Espíritu Santo se encarnó en su vientre, pues la Sabiduría del Padre, instituyó una morada digna para su Unigénito.

Con especial amor, se han confiado los hombres y mujeres a la protección maternal de María, invocando su Santa e Inmaculada Concepción; por sus favores a la acción evangelizadora de los pueblos, hoy se cumplen 179 años desde que Don Bosco, bajo el amparo de la Inmaculada, diera inicio a la obra Salesiana.

Mientras Juan Bosco se preparaba para la Eucaristía de la Inmaculada, conoció al joven huérfano Bartolomé Garelli, a quien la primera oración que le invitó a recitar fue un Ave María. De todo somos deudores a María porque todas nuestras cosas más grandes tuvieron principio y cumplimiento el día de la Inmaculada San Juan Bosco.

Así como Don Bosco, que confió a la protección de María la obra que el Señor había inspirado en su corazón, que nosotros en este tiempo de Adviento, podamos caminar con María en el camino hacia Belén, y sepamos darle gloria y alabanza al Creador, por hacer Inmaculada a María desde su concepción.

Eres toda belleza, María.
Escucha nuestra oración, atiende a nuestra súplica:
que el amor misericordioso de Dios en Jesús nos seduzca,
que la belleza divina nos salve, a nosotros, a nuestra ciudad y al mundo entero.

 

Pastoral Juvenil de Venezuela
Autor: César Utrera
Área de Redacción del Equipo Nacional Centinela 2.0
08 de diciembre de 2020